El León Curioso
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viernes, 17 de abril de 2009

Alonso Pérez de Guzmán. Guzmán el Bueno (y II)

Pasaron los años y Don Alonso Pérez de Guzmán seguía viendo los ires y venires de los leoneses a través del tejido de saco que le cubría, hasta que a finales de Junio de 1900 la Diputación de León dispone que la estatua se inaugurará el 15 de Julio a las 7 de la mañana, motivando la queja de la prensa local que considera más lógico y conveniente que esta inauguración se hubiera celebrado durante las ferias de San Juan.

El Porvenir de León, 30 de Junio de 1900

El Porvenir de León, 4 de Julio de 1900

Para celebrar esta inauguración se pensó en un principio invitar al señor Fernández Cadórniga, al duque de Medina Sidonia, descendiente de Guzmán y a diputados y senadores leoneses, y montar unas tribunas para que el público que asistiera lo pudiera hacer cómodamente instalado. Pero en las reuniones posteriores entre el Ayuntamiento y la Diputación, éstos acordaron no dar solemnidad al acto y destinar el dinero que se iban a gastar a en “dar limosnas a los pobres en metálico y dos mil o más molletes a los pobres de la provincia que lo soliciten”.

El Porvenir de León, 11 de Julio de 1900

Después de tanto tiempo de esperas e incertidumbres, por fin se acerca el día señalado para la inauguración y el Porvenir de León en su edición del 14 de Julio dedica varios artículos al tema, entre los que se da cuenta del encargo del Ayuntamiento a la Casa Lorenzana de una vestidura de raso con los colores de la bandera nacional que sustituya al saco que hasta entonces había vestido. Así mismo este periódico hace notar la “impenetrable reserva” que se guarda en torno al acto.

El Porvenir de León, 14 de Julio de 1900

Por fin, el domingo 15 de Julio de 1900 a las 5 de la mañana se reunieron frente a la estatua el presidente de la diputación, el alcalde de la ciudad y el vicepresidente de la comisión provincial de monumentos históricos y tirando del cordón que sujetaba la nueva cubierta, descubrieron la estatua y dieron por inaugurada la obra, dirigiéndose después al Hospicio, donde repartieron a las asociaciones benéficas y a los pobres de la ciudad el dinero que estaba previsto destinar a las celebraciones.

Estatua de Guzman en 1902

La gente de León que se acercó a la Plaza a la siete de la mañana (como estaba previsto) para presenciar la inauguración, comprobó como una vez más les habían engañado y menospreciado al ver ya la estatua descubierta e inaugurada.

El Porvenir de León, 18 de Julio de 1900

El Porvenir de León, 21 de Julio de 1900

La obra de que Aniceto Marinas realizó para León tuvo gran repercusión y varias publicaciones nacionales le dedicaron artículos describiéndola y dándole la importancia que aquí se le negó.

La Ilustración Artística, 5 de Febrero de 1900

Nuevo Mundo, 1 de Agosto de 1900

Desde entonces el héroe y la plaza han sido objeto de muchas conmemoraciones y remodelaciones hasta llegar al día de hoy. Pero ésto puede ser otra historia.


Como complemento se puede escuchar este audio que en el año 2007 dedicó el insustituible Juan Antonio Cebrián en uno de sus Pasajes de la Historia a la vida y hechos de Don Alonso Pérez de Guzmán. Merece la pena escucharlo.

jueves, 16 de abril de 2009

Alonso Pérez de Guzmán. Guzmán el Bueno (I)

1294 fue un mal año para Alonso Pérez de Guzmán. Después de una vida de luchas y servicios a diferentes señores en una época de conquistas y reconquistas, y en premio a su abnegación, le ofrecieron la alcaldía de Tarifa, uno de los puntos estratégicos para controlar el Estrecho de Gibraltar. Los Benimerines en su afán por hacerse con la plaza y ante una defensa de ésta que hacía imposible su conquista, optaron por plantear a Guzmán una oferta que no pudiera rechazar: la vida de su hijo a cambio de la entrega de la ciudad.

Pero Don Alonso consciente de la responsabilidad contraída ante el rey y de las consecuencias que conllevaría la ocupación de Tarifa por los musulmanes, les arroja su propio puñal desde la muralla para que dieran muerte a su hijo. Y allí mismo, ve como lo degüellan.


Los Benimerines, entre el desconcierto que les produjo este sacrificio y las noticias de que se acercaban tropas cristianas en apoyo de Tarifa, deciden levantar el sitio, dando con su acción lugar a que Don Alonso Pérez de Guzmán quedara ya para siempre asociado al concepto de héroe.

Pasaron 600 años y el senador bañezano Gabriel Fernández Cadórniga convence a la reina regente de que sería conveniente para mantener viva la memoria de Alonso Pérez de Guzmán, dedicarle una estatua en su ciudad de origen que recordara su noble acto.


Así, el 23 de Julio de 1894, se publica en la Gaceta de Madrid una Real Orden firmada por la reina regente el 18 de Julio de 1894, anunciando la construcción de una estatua en memoria de Alonso Pérez de Guzmán.

Según esta Orden, su altura tendría que ser de tres metros y medio y se tendría que fundir en la fábrica de cañones de artillería de Sevilla con bronce de deshecho. La Diputación de León correría con los gastos de la construcción del pedestal, que tendría que hacerse con materiales de la provincia. Para la realización tanto de la escultura como del pedestal se abriría un concurso público entre escultores y arquitectos españoles, con el compromiso de entregar la obra a los tres años de promulgada la ley, es decir antes de Julio de 1897. Como punto final, la Orden dice que el pedestal deberá de incluir una inscripción a redactar por la Real Academia de la Historia.

La estatua se la encargan a Aniceto Marinas (autor entre otras obras del monumento a Velázquez frente a la puerta del Museo del Prado y la estatua dedicada a Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro, en el Rastro madrileño) y el proyecto para el pedestal se lo encargan al arquitecto Gabriel Abreu y Barreda.


La fundición de la estatua, finalmente no se llevó a cabo en la fábrica de cañones de Sevilla como dictaba la Real Orden, sino en los talleres catalanes de Masriera y Campins.


Mientras escultor, arquitecto y fundidores ultimaban los detalles para entregar en plazo la obra, el Ayuntamiento de León adecentaba la zona en la que en 1898 se colocaría finalmente la estatua.

El Porvenir de León, 17 de Julio de 1897

El 18 de Junio de 1898, la revista Madrid Cómico publica un artículo dedicado a Aniceto Marinas, y en una de las fotos que utilizan para ilustrarlo, se puede ver en el estudio del escultor un modelo de la estatua de Guzmán.

Madrid Cómico, 18 de Junio de 1898

En tres de los laterales del pedestal se incluyeron sendas inscripciones: “A GUZMÁN “EL BUENO” LA PROVINCIA DE LEÓN MDCCCXCVI”, “LOS BUENOS CABALLEROS NI COMPRAN NI VENDEN LA VICTORIA”, y “NO ENGENDRÉ YO FIJO PARA QUE FUESSE CONTRA MI TIERRA”.

La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia propuso una cuarta inscripción: “Ca, justo es que el que fue bondad, tenga el nombre de bueno”, frase que al parecer Sancho IV el Bravo le dedicó a Don Alonso recogiendo el sentir de sus gentes, pero que la Real Academia de la Historia no la consideró en la decisión final de qué inscripciones poner en el pedestal.




La Real Academia de la Historia fue la que decidió igualmente en qué sentido colocar la estatua, y se colocó tal y como está no para indicar al viajero que no le guste la ciudad por dónde se va a la estación, sino porque en esta posición el frente de la estatua está en dirección a la localidad de Tarifa, origen del hecho que se conmemora.

Guzmán quedó instalado en su pedestal, pero a la gente y a los que mandaban en esos días en la ciudad de León, aquella escultura no debió de agradarles en exceso, pues enseguida la cubrieron con un saco en espera de una ocasión apropiada para su inauguración.

sábado, 14 de marzo de 2009

La Inmaculada

En Septiembre de 1953 el Papa Pío XII proclama el año 1954 como Año Mariano. Bueno, en realidad esta celebración se llevó a cabo oficialmente entre el 8 de diciembre de 1953 y el 8 de diciembre de 1954, y fue el primer Año Mariano de la historia de la iglesia.

En diciembre de 1953, Don Luis Almarcha, Obispo de León, pensó que sería buena idea levantar un monumento a la Inmaculada que conmemorara el Año Mariano que iba a celebrarse al año siguiente; y para ello creó una comisión promotora formada en un principio por cuatro personas: un sacerdote (Maurilio Gallego), un farmacéutico (Pedro Escudero), un hombre relacionado con empresas del sector de la harina y presidente diocesano de Acción Católica (Fernando Crespo) y un comerciante de la ciudad (Cándido Alonso).

Plaza de la Inmaculada hacia 1950

Esta comisión se encargó de gestionar todo, desde promocionar una suscripción popular para cubrir los gastos que se produjeran como consecuencia de la realización del proyecto hasta hablar con el Ayuntamiento para concretar el lugar en el que se iba a instalar el monumento, pasando por elegir un escultor que realizara la imagen.

Pero el Ayuntamiento estaba satisfecho del aspecto de la ciudad en esas fechas, y le ofreció a la comisión ubicar la estatua en unos lugares poco céntricos. Así que ni cortos ni perezosos los comisionados hicieron la maleta y se fueron a Madrid para buscar apoyos que hicieran cambiar de opinión a la gente del Ayuntamiento, y allí contactaron con Don Pedro Fernández Valladares, natural de Vidanes, que era Subsecretario de la Gobernación en esas fechas, y le convencieron para que la Virgen presidiera la Plaza de Calvo Sotelo, la más céntrica de la ciudad después de la de Santo Domingo. Y ya que habían hecho el viaje a la capital, aprovecharon para recaudar algunos fondos entre los leoneses que por allí vivían.


Así pues, tenían el sitio, tenían el escultor, el astorgano Mariano Amaya (otras obras de éste son la dedicada a la Maternidad en el patio del Instituto Leonés de Cultura y la dedicada a los Donantes de Sangre en la Corredera) y tenían el arquitecto, Ramón Cañas del Río, que además era el presidente de la Diputación por aquellos años, que se encargó de proyectar un pedestal que acercara la imagen al cielo.


Al acto de colocación de la primera piedra solo acudieron el arquitecto, el escultor, los cuatro miembros de la comisión gestora y el que bendijo la colocación de la piedra. Siete en total.

PROA, 1 de Junio de 1956

Diario de León, 1 de Junio de 1956

En cambio al acto de inauguración, el 3 de junio de 1956 y según se puede leer en la prensa de la época, acudieron miles de personas entre las que estaban todas las fuerzas vivas de la ciudad, el representante del Papa, los obispos de Santander y de Cuenca, ….

PROA, 3 de Junio de 1956

Con el dinero recaudado por medio de la suscripción popular, no hubo suficiente para sufragar los gastos que se ocasionaron con motivo de la realización del monumento, por lo que los propios miembros de la comisión pusieron todo lo que faltaba de su bolsillo, con el ánimo de ir recuperándolo poco a poco de las limosnas que la gente fuera dejando en la hucha que debía de servir también para comprar flores a la Virgen. Pero jamás llegaron a recuperar la totalidad del dinero que pusieron.


Hoy la Inmaculada, desde sus alturas, sigue atenta las idas y venidas de los leoneses. Ya no hay hucha ni flores. Después de la reforma que sufrió en 1982 ha dejado de ser el punto de encuentro que fue. El acceso al centro de la plaza se hace cruzando alguno de los dos pasos de cebra que la dan acceso y que son bastante peligrosos y casi no se ven ya niños jugando ni gente paseando por ella.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Calle Matasiete

Según figura en la placa de la calle, el nombre de Matasiete se debe a una leyenda leonesa del siglo XIV: “El infante Don Juan Manuel conspira contra Alfonso XI. Gil de Villasinta y Juan de Velasco traen un mensaje del rey para Don Gutierre. Esperan la noche en la taberna del tío Joroba, donde se reúnen los partidarios del infante. Hay una pelea con varios muertos, entre ellos Juan de Velasco.”


La leyenda ampliada cuenta que allá por el año 1330 dos caballeros llegaron a León trayendo un mensaje secreto del Rey Alfonso XI para Don Gutierre, y después de toda una jornada de camino decidieron parar a cenar en una taberna que había en la Cal de Escuderos.

Allí fueron atendidos por la hija del mesonero, que ante los requiebros que le lanzó uno de los caballeros se retiró de forma precipitada tropezando con una cazuela que cayó al suelo.

Los parroquianos que se encontraban allí, con el alboroto, creyeron que los caballeros habían pretendido abusar de la joven, por lo que se originó en la taberna una discusión que comenzó con intercambio de insultos y acabó en la calle con las espadas en la mano.

Plano de León en el siglo XV

En ese momento llegaron los alguaciles a la taberna, por lo que huyeron todos menos los forasteros.

Como el Alguacil Mayor pretendió detenerles, se inició una nueva pelea entre unos y otros. La situación se puso fea y los dos caballeros huyeron metiéndose por la calle objeto de la leyenda, parándose allí a decidir quien se quedaba haciendo frente a los alguaciles y quien le llevaba el mensaje del rey a Don Gutierre.

Pero como se entretuvieron con esta decisión, cuando quisieron darse cuenta venían ya los alguaciles por las dos entradas de la calle, comenzándose de nuevo la pelea, resultado de la que uno de los caballeros cayó al momento. Pero el otro siguió peleando y consiguió matar a siete de los alguaciles escapando después y entregando por fin el mensaje a su destinatario.


Otras versiones menos creíbles de la leyenda nos cuentan que el nombre se debe a los siete muertos habidos como consecuencia de la competencia de las familias Castro y Lara por los amores de Doña Leonor de Guzmán (favorita de Alfonso XI con el que tuvo 10 hijos).


Al día de hoy esta calle suele ser tranquila según a qué hora se pase por ella y lo único que queda que pueda recordar algo a aquellas épocas de capa y espada es una hornacina vacía y desangelada, que algún día alojó al Cristo de Matasiete al calor de una lamparilla de aceite. (He oído que huyó de la hornacina harto de dejadeces y abandonos, y cuentan que en las noches de luna llena se le puede ver en compañía del tío Joroba y de los siete finiquitados tomándose unos vinos por la zona y recordando viejos tiempos ...)