El León Curioso
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jueves, 26 de marzo de 2009

La Casa Lorenzana

Efectivamente, como “juanluisgx” (por cierto, tus fotografías son espectaculares) insinuó y “cosinasdeleon” confirmó, la foto es de una torre que forma parte del edificio nº 4 de la Calle Ordoño II.


A finales del XIX se empieza a dar vueltas al tema del Ensanche de León. Esto dio como resultado la apertura de nuevas calles como consecuencia de la transformación en solares de suelos que en su mayoría habían pertenecido al clero y ahora pertenecían a unos cuantos propietarios que se aprovecharon de los efectos de las desamortizaciones.

Y fue entonces, a finales del siglo XIX y principios el XX cuando se empezaron a construir chalets unifamiliares y edificios residenciales en esas nuevas zonas de expansión de la ciudad. Los destinatarios principales de estas nuevas edificaciones eran las gentes con más poder adquisitivo, que así abandonaban el casco antiguo (en el que los edificios eran más viejos e insalubres) y accedían a la zona nueva de la ciudad con calles más amplias, mejores instalaciones y que se suponía que iba a ser el nuevo centro social y comercial de León.

La calle con más posibilidades de ser ese eje social y comercial era Ordoño II (Paseo de las Negrillas por entonces), ya que era la que enlazaba el centro histórico con el ferrocarril. Y es en esta calle en la que en 1912 Felipe García Lorenzana decide construir un edificio de viviendas, para lo que encarga un proyecto a Manuel de Cárdenas, que por entonces aún tenía el cargo de arquitecto municipal de León (lo tuvo hasta 1914) y era además el arquitecto de los Obispados de León y de Astorga.

Fachada edificio Ordoño II nº 4, según proyecto original de Cárdenas

En el proyecto original se habían dejado unos espacios para jardincillos en los extremos del solar, con entrada directa desde la calle. Pero al final, estos espacios se achicaron y lo que quedó se convirtió en locales comerciales.

Postal con el edificio de Ordoño II, 4 en primer término (a la izquierda)

Como el edificio se proyectó sin ascensor y con cuatro alturas en su zona central, para evitar un exceso de escaleras, Cárdenas la solución que ideó fue ir disminuyendo la altura de los pisos a medida que se ascendía, de forma que la primera planta tiene una altura de 4 metros, la segunda de 3,6 y la tercera de 3. Esta diferencia de alturas se puede apreciar a simple vista desde la calle.


El fondo del solar sobre el que se iba a construir el edificio lindaba con el Convento de las Agustinas Recoletas, por lo que una de las cosas más visibles y que más llamaba la atención cuando se pasaba por Ordoño II era una extraña torrecilla adosada a la casa, con su tejado cónico forrado de trozos de azulejos de colores, que ciertamente como sugirió la "Vecina del Primero" se parece bastante a algunos detalles que Gaudí había ideado para el Parque Güell unos años antes. Desconozco la finalidad de esta torre, pero da la impresión de que es una escalera de servicio. Cuando se construyó la mole del Complejo de Santo Domingo, la torrecilla quedó empequeñecida, de forma que ahora pasa totalmente desapercibida.


Nada más terminarse la obra, se instalaron en los bajos de la casa una tienda de máquinas de coser Singer y una sucursal de la farmacia de GF Merino e hijo, que hasta entonces solo tenía abierto un establecimiento en la Calle Catedral (actual Calle Ancha). Para informar de ello modificaron la publicidad que insertaban habitualmente en el Diario de León, y así, se empezó a anunciar la apertura de la nueva farmacia a partir del 10 de enero de 1914.

Diario de León, 9 de Enero de 1914

Diario de León, 10 de Enero de 1914

En la actualidad, en este edificio las ventanas que no tienen las persianas bajadas, las tienen con los cristales sucios, lo que da a entender que está prácticamente deshabitado.

martes, 13 de enero de 2009

Postales nocturnas de Ordoño II años 50

Esta entrada puede parecer patrocinada por Philips, pero os aseguro que no es así.





viernes, 9 de enero de 2009

El Postigo del Oso

La muralla de León a lo largo de su historia ha tenido muchas puertas y postigos, que han ido creándose y desapareciendo con el paso del tiempo y la ayuda de los que de alguna manera han tenido el destino de la ciudad en sus manos.

Uno de estos accesos a la ciudad a través de la antigua muralla fue el postigo del Oso, que se abrió a finales del siglo XIV (hacia 1383) para comunicar el Barrio Judío con el Barrio de San Martín.

Según el nomenclátor del Término Municipal de León, la denominación de Postigo del Oso se corresponde con lo que actualmente es la Rinconada del Conde Rebolledo.

El Postigo del Oso estaba situado al final de la Calle Azabachería, próximo al actual Rincón del Conde Rebolledo, y enlazaba la Calle Azabachería con la Calle Zapaterías (Calle Boteros según el plano de la ciudad de León de 1792 del Padre Risco ).

Cuentan que el postigo se cerró por “sugerencia” de Don Diego Villafañe y su mujer Doña María Quiñones, que vivían en una casona-palacio colindante con el postigo. La casona y su escudo todavía se conservan en la actualidad.

El 10 de abril de 1912, siendo alcalde de Leon Alfredo Barthe Sánchez Sierra, se perforó un pozo artesiano en la Rinconada del Conde Rebolledo, que todavía existe hoy en día, aunque sin agua.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Calle Matasiete

Según figura en la placa de la calle, el nombre de Matasiete se debe a una leyenda leonesa del siglo XIV: “El infante Don Juan Manuel conspira contra Alfonso XI. Gil de Villasinta y Juan de Velasco traen un mensaje del rey para Don Gutierre. Esperan la noche en la taberna del tío Joroba, donde se reúnen los partidarios del infante. Hay una pelea con varios muertos, entre ellos Juan de Velasco.”


La leyenda ampliada cuenta que allá por el año 1330 dos caballeros llegaron a León trayendo un mensaje secreto del Rey Alfonso XI para Don Gutierre, y después de toda una jornada de camino decidieron parar a cenar en una taberna que había en la Cal de Escuderos.

Allí fueron atendidos por la hija del mesonero, que ante los requiebros que le lanzó uno de los caballeros se retiró de forma precipitada tropezando con una cazuela que cayó al suelo.

Los parroquianos que se encontraban allí, con el alboroto, creyeron que los caballeros habían pretendido abusar de la joven, por lo que se originó en la taberna una discusión que comenzó con intercambio de insultos y acabó en la calle con las espadas en la mano.

Plano de León en el siglo XV

En ese momento llegaron los alguaciles a la taberna, por lo que huyeron todos menos los forasteros.

Como el Alguacil Mayor pretendió detenerles, se inició una nueva pelea entre unos y otros. La situación se puso fea y los dos caballeros huyeron metiéndose por la calle objeto de la leyenda, parándose allí a decidir quien se quedaba haciendo frente a los alguaciles y quien le llevaba el mensaje del rey a Don Gutierre.

Pero como se entretuvieron con esta decisión, cuando quisieron darse cuenta venían ya los alguaciles por las dos entradas de la calle, comenzándose de nuevo la pelea, resultado de la que uno de los caballeros cayó al momento. Pero el otro siguió peleando y consiguió matar a siete de los alguaciles escapando después y entregando por fin el mensaje a su destinatario.


Otras versiones menos creíbles de la leyenda nos cuentan que el nombre se debe a los siete muertos habidos como consecuencia de la competencia de las familias Castro y Lara por los amores de Doña Leonor de Guzmán (favorita de Alfonso XI con el que tuvo 10 hijos).


Al día de hoy esta calle suele ser tranquila según a qué hora se pase por ella y lo único que queda que pueda recordar algo a aquellas épocas de capa y espada es una hornacina vacía y desangelada, que algún día alojó al Cristo de Matasiete al calor de una lamparilla de aceite. (He oído que huyó de la hornacina harto de dejadeces y abandonos, y cuentan que en las noches de luna llena se le puede ver en compañía del tío Joroba y de los siete finiquitados tomándose unos vinos por la zona y recordando viejos tiempos ...)